GALERÍA
La música es un lenguaje universal que toca lo más profundo del corazón humano. Los artistas somos felices cuando, al interpretar nuestro instrumento, vemos reflejada en los rostros de las personas una sonrisa, una emoción, una alegría sincera.
Hace veinte años emprendí un sueño al que llamé Música para el Mundo. Fue un viaje musical que me llevó a componer para doce países. Inicié por mi segunda patria, el Ecuador, con una tonada que titulé Abrazando al Chimborazo. Después seguí con mi tierra natal, Colombia, con una pieza muy especial: Cumbia en Las Lajas, inspirada en el que considero el santuario más hermoso del mundo. Luego vinieron otros ritmos que marcaron mi infancia, entre ellos el tango, que tantas veces escuché y aprendí a interpretar siendo niño.
Así, poco a poco, fueron naciendo melodías que recorrieron fronteras y culturas, hasta completar doce composiciones, cada una de ellas convertida en un arreglo sinfónico. Hoy ese sueño está vivo y tiene fecha: el 28 de noviembre de 2025, en Riobamba, será el estreno oficial de esta obra. Y desde aquí emprenderá su viaje, recorriendo ciudades de Ecuador, de Latinoamérica y, con la gracia de Dios, del mundo entero.
Este proyecto es para mí mucho más que música: es un regalo, una ofrenda a Dios, a quien debo todo lo que soy, lo que he podido crear y lo que aún me falta por cumplir.
Música para el Mundo no es solo un proyecto artístico, es un sueño compartido, una oración hecha melodía para que la humanidad entera encuentre en la música un motivo más para sonreír.